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Este mes de junio vivimos, junto a la Fundación SUNYER, una experiencia muy especial: una nueva edición de Coro en Compañía Deseada, una jornada de voluntariado, RSC y encuentro humano a través del canto colectivo.

Durante unas horas, personas de la Fundación SUNYER y miembros del Coro Amar de Tetuán, uno de los proyectos corales de Acción por la Música orientados a combatir la soledad no deseada, compartieron algo mucho más profundo que una actividad musical. Compartieron escucha, alegría, cuidado y la emoción de reconocerse a través de la voz.

Porque cantar en coro es aprender a respirar con otras personas. Es afinar la también la atención. Es descubrir que, cuando cada voz encuentra su lugar, aparece algo común que nos sostiene.

En esta ocasión, las personas del Coro Amar de Tetuán asumieron un papel muy especial: fueron maestras y maestros de canto por un día. Desde su experiencia, acompañaron a los participantes en los primeros pasos del canto coral: la respiración, la afinación, la escucha, el ritmo compartido y la interpretación conjunta de una pieza musical.

Y lo hicieron con una generosidad, una ternura y una dignidad que marcaron profundamente la jornada.

Para muchas de las personas que forman parte del Coro Amar, ocupar ese lugar de guía supuso una experiencia muy significativa. Ser escuchadas. Ser miradas desde el reconocimiento. Sentir que aquello que han aprendido en el coro puede ser compartido con otras personas. Comprobar que su voz, su historia y su presencia tienen valor.

Ese cambio de rol, pasar de participar a enseñar, de recibir acompañamiento a acompañar a otros, tiene una fuerza transformadora enorme. Refuerza la autoestima, despierta orgullo, devuelve confianza y recuerda algo esencial: todas las personas tenemos algo valioso que ofrecer cuando se nos da el espacio, el tiempo y la confianza para hacerlo.

También fue una jornada profundamente enriquecida por la calidad humana de las personas participantes de la Fundación SUNYER. Su apertura, su respeto, su sensibilidad y su manera de dejarse guiar hicieron posible un encuentro honesto, cercano y lleno de emoción. Supieron acoger a sus maestras y maestros de canto con una escucha atenta y un afecto que se notaba en cada gesto, en cada sonrisa y en cada voz que se sumaba al coro.

Ahí ocurrió lo más importante: hubo una comunidad temporal creada a través de la música. Un espacio donde las barreras sociales, generacionales o vitales se hicieron más pequeñas, y donde cada persona pudo sentirse parte de algo compartido.

Ese cambio de rol, pasar de participar a enseñar, de recibir acompañamiento a acompañar a otros, tiene una fuerza transformadora enorme. Refuerza la autoestima, despierta orgullo, devuelve confianza y recuerda algo esencial: todas las personas tenemos algo valioso que ofrecer cuando se nos da el espacio, el tiempo y la confianza para hacerlo.

También fue una jornada profundamente enriquecida por la calidad humana de las personas participantes de la Fundación SUNYER. Su apertura, su respeto, su sensibilidad y su manera de dejarse guiar hicieron posible un encuentro honesto, cercano y lleno de emoción. Supieron acoger a sus maestras y maestros de canto con una escucha atenta y un afecto que se notaba en cada gesto, en cada sonrisa y en cada voz que se sumaba al coro.

Ahí ocurrió lo más importante: hubo una comunidad temporal creada a través de la música. Un espacio donde las barreras sociales, generacionales o vitales se hicieron más pequeñas, y donde cada persona pudo sentirse parte de algo compartido.

La jornada culminó con una interpretación final conjunta, fruto del ensayo, la escucha y la confianza construida durante la sesión. Pero el verdadero resultado estuvo en los vínculos que aparecieron, en la emoción compartida, en la sensación de haber vivido algo sencillo y, al mismo tiempo, profundamente transformador.

Coro en Compañía Deseada nos recuerda que la música puede ser una herramienta poderosa para crear comunidad, cuidar el bienestar emocional, fortalecer la autoestima y combatir la soledad no deseada. También nos muestra que el voluntariado corporativo y la responsabilidad social pueden vivirse desde la relación real, desde la presencia y desde el encuentro.

Gracias a la Fundación SUNYER por hacerlo posible con tanta sensibilidad. Gracias a cada participante por cantar con respeto, alegría y corazón abierto. Y gracias, especialmente, al Coro Amar de Tetuán, por recordarnos que cada voz importa, que cada historia merece ser escuchada y que, cuando cantamos juntas, la compañía deja de ser una idea para convertirse en experiencia viva.