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Cuando distintas formas de entender la música se encuentran desde el respeto y el cuidado, nace un espacio compartido donde la excelencia y la participación se reconocen y  la escucha se convierte en vínculo. 

La Fundación Scherzo lleva años consolidándose como un referente en la promoción de la música clásica, con una vocación clara: acercar la excelencia artística a públicos cada vez más amplios. 

A través de su reconocido ciclo Grandes Intérpretes de Piano, pone en valor a figuras de primer nivel internacional, construye un puente entre la música y la sociedad, generando experiencias culturales profundas, accesibles y transformadoras.

En esta ocasión, el ciclo cuenta con la extraordinaria pianista Eva Gevorgyan, una de las intérpretes más brillantes de su generación. Laureada en más de cuarenta concursos internacionales, ha sido reconocida en certámenes de gran prestigio como el Cleveland International Piano Competition y el Van Cliburn Young Artist Competition, además de recibir importantes premios europeos recientes. 

Su carrera la ha llevado a actuar como solista con algunas de las principales orquestas del mundo y en escenarios emblemáticos como el Concertgebouw de Ámsterdam. Su estilo combina una técnica deslumbrante con una profundidad expresiva poco común, lo que la convierte en una artista capaz de conectar de forma muy especial con el público, especialmente con quienes se acercan por primera vez a la música clásica.

El programa del concierto de esta noche en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, incluye grandes  obras de César Franck, Serguéi Rajmáninov, Sofia Gubaidulina y Franz Liszt, en un recorrido emocional y artístico de enorme riqueza, ideal para descubrir la potencia narrativa del piano.

Desde Acción por la Música queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a la Fundación Scherzo por abrir las puertas de este ciclo a niños y familias. Para muchos de ellos, esta será una experiencia inolvidable, el primer contacto con las grandes obras de la literatura musical universal, con el silencio expectante de una sala, con la intensidad de la música en vivo. Sin duda, este concierto sembrará algo duradero en cada uno de ellos. Gracias por hacerlo posible.
Y quizá eso que se siembra sea una forma nueva de habitar la música, volverán a casa con sonidos que acompañan, con preguntas que despiertan, con la certeza de que ese mundo también les pertenece. En las conversaciones familiares, en los silencios compartidos, en las ganas de volver a escuchar, algo habrá cambiado suavemente. Porque cuando la música se vive así, deja de ser solo algo que se escucha, y pasa a ser algo que se queda.